K'iche' · tierras altas de Guatemala
Xibalbá: los gemelos que bajaron al inframundo del Popol Vuh
27 de octubre de 2026 · 18 min · Audio en español, inglés, portugués
Hunahpú e Ixbalanqué, dos hermanos gemelos, bajaron a Xibalbá, el mundo de abajo donde los señores de la muerte habían vencido a su padre, y pasaron una noche en cada una de sus seis casas: la oscura, la de las navajas, la del frío, la de los jaguares, la del fuego y la de los murciélagos. Lo cuenta el Popol Vuh, el libro que los mayas k'iche' de Guatemala escribieron en su lengua en el siglo XVI.
La historia, para leer
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Los gemelos que bajaron a Xibalbá ▶ 0:00
Esta es la historia de dos hermanos gemelos, Hunahpú e Ixbalanqué, que bajaron a Xibalbá, el mundo de abajo, y vencieron a sus señores. La cuenta el Popol Vuh, el libro de los k'iche', un pueblo maya de las montañas de Guatemala. Antes que ellos, su padre y su tío habían bajado por el mismo camino, y allí fueron vencidos. ¿Cómo vencieron los gemelos a quienes habían vencido a su padre? Allá abajo, los señores de la muerte y de la enfermedad los esperaban con seis casas de la noche: una oscura, una de navajas, una de frío, una de jaguares, una de fuego y una de murciélagos. Esta noche bajamos con ellos, paso a paso, como lo cuenta el libro.
El Popol Vuh y la copia de Ximénez ▶ 0:59
Lo escribieron en k'iche', con letras latinas, unos treinta años después de la conquista, miembros de la nobleza k'iche' cuyos nombres no conocemos. Aquel manuscrito se perdió. Lo que conocemos es la copia que hizo a comienzos del siglo dieciocho fray Francisco Ximénez, cura de Chichicastenango, con el k'iche' en una columna y su traducción al español en otra. El fraile llamó infierno a Xibalbá, pero esa era su palabra, no la de los k'iche'. Desde entonces, cada traductor ha leído algunos pasajes a su manera. Aquí seguimos sobre todo dos traducciones, la de Adrián Recinos y la de Allen Christenson, y cuando no coinciden en algo importante, lo diremos. La historia de los gemelos empieza, en realidad, con la de su padre.
El juego que oían los señores de abajo ▶ 1:52
Hun Hunahpú, el padre de los gemelos, y su hermano, Vucub Hunahpú, habían nacido de noche. Eran dos hermanos que solo querían jugar a la pelota. Jugaban en el camino que bajaba a Xibalbá, un nombre que uno de sus traductores explica como el lugar del miedo. Y jugaban tan fuerte que, bajo tierra, los señores de Xibalbá los oían sobre sus cabezas. Los dos más altos se llamaban Hun Camé y Vucub Camé, Uno Muerte y Siete Muerte. Los demás señores tenían cada uno su oficio: unos traían la enfermedad, otros la desgracia junto a la casa, otros la muerte repentina en los caminos. El ruido de aquella pelota los ofendió, y decidieron llamar a los dos hermanos para vencerlos en su propio juego.
Cuatro búhos mensajeros ▶ 2:46
Los mensajeros de Xibalbá eran cuatro búhos. Uno era veloz como una flecha, otro tenía una sola pierna, otro tenía la espalda roja, y el último no tenía más que cabeza y alas. Se posaron sobre el juego de pelota y dieron el recado: los señores los llamaban a jugar. Antes de partir, los hermanos colgaron su pelota de hule bajo el techo de la casa. Su madre, Ixmucané, la que con los años sería la abuela de los gemelos, lloró. Ellos le dijeron que no iban a morir. Y empezaron a bajar.
El cruce de los cuatro caminos ▶ 3:26
Bajaron por unos escalones muy empinados, entre barrancos y ríos, y cruzaron un río de sangre sin beber de él. En lo demás, cada traducción cuenta aquel camino de un modo distinto. Después llegaron a un cruce de cuatro caminos: uno rojo, uno blanco, uno amarillo y uno oscuro como la noche. Y el camino oscuro les habló. «Yo soy el camino del Señor», les dijo. Uno de los traductores lo lee como el camino por donde se pone el sol, el que se hunde bajo la tierra. Para los dos hermanos fue el camino hacia los señores de Xibalbá, y allí, dice el libro, empezó su derrota.
Muñecos de madera y una piedra ardiente ▶ 4:12
Al llegar, vieron a los señores sentados en fila, en un banco largo. Los hermanos los saludaron como si fueran Hun Camé y Vucub Camé, los dos más altos. Pero los primeros sentados eran muñecos de madera, vestidos como señores, y los de Xibalbá se rieron de ellos. Después les ofrecieron sentarse en un banco. El banco era una piedra ardiente. Xibalbá estaba lleno de casas de prueba, y esa noche los mandaron a la primera, la Casa Oscura, donde no había más que tinieblas. Les dieron una tea encendida de ocote, que es pino resinoso, y un cigarro encendido para cada uno. Tenían que devolverlos enteros al amanecer.
El árbol del jícaro ▶ 5:00
La tea y los cigarros se consumieron durante la noche, y al amanecer los hermanos no tenían nada que devolver. Por eso los condenaron. Los señores sacrificaron a los dos hermanos y los enterraron en el juego de pelota del sacrificio. La cabeza de Hun Hunahpú quedó entre las ramas de un árbol, junto al camino, y en ese momento el árbol se cubrió de frutos redondos, iguales a ella. Es el árbol que hoy llamamos jícaro. Desde entonces, los señores prohibieron que nadie se acercara a él.
Ixquic y el árbol prohibido ▶ 5:40
Una muchacha fue sola a ver el árbol que nadie podía tocar. Era Ixquic, hija de un señor de Xibalbá, el mundo de abajo del Popol Vuh de los mayas k'iche'. Entre sus frutos redondos estaba la cabeza de Hun Hunahpú, un jugador de pelota sacrificado por los señores. La calavera le pidió la mano derecha y le dejó en la palma su saliva, que desapareció. Así concibió a dos gemelos. Al saberlo su padre, los señores mandaron a los búhos a sacrificarla. Ella los convenció. Los búhos la dejaron escapar: a los señores les llevaron, en lugar de su corazón, la savia roja de un árbol, y mientras ellos quemaban la savia sin ver el engaño, la guiaron hasta la superficie de la tierra.
Los gemelos y la pelota de su padre ▶ 6:32
Arriba, Ixquic llegó a la casa de Ixmucané, la abuela, que no la creyó. Para probarla, la mandó a llenar una red en una milpa, un campo de maíz que tenía una sola mata, y la red se llenó. Los gemelos, Hunahpú e Ixbalanqué, nacieron en el monte. Hunahpú llevaba casi el mismo nombre que su padre. Crecieron en el monte, cazadores con cerbatana: con ella disparaban, de un soplo, bodoques de barro. Un día encontraron, colgada bajo el techo de paja de la casa, la pelota de su padre, con su protector de cadera, sus protectores de los brazos y los cueros de las piernas. Llevaba allí todos los años que ellos habían vivido.
Dos plantas de maíz para la abuela ▶ 7:25
Y los gemelos se pusieron a jugar. Bajo tierra, los señores volvieron a oír la pelota sobre sus cabezas, y los llamaron, como habían llamado a su padre. Tenían siete días para presentarse. Antes de bajar, los gemelos dejaron dos plantas de maíz en medio de la casa, sobre la tierra seca, como señal para la abuela. Después se echaron las cerbatanas al hombro y tomaron el mismo camino que su padre.
Un mosquito y los nombres de los señores ▶ 7:55
Un mosquito entró el primero en la sala de los señores de Xibalbá, el mundo de abajo. Lo mandaban dos gemelos, Hunahpú e Ixbalanqué, llamados a jugar a la pelota; así lo cuenta el Popol Vuh de los mayas k'iche'. Habían cruzado los ríos sobre sus cerbatanas, y en el cruce de cuatro caminos donde su padre fue vencido ya sabían cuál era cuál. El mosquito picó, uno por uno, a los que estaban sentados. Los primeros, muñecos de madera, no contestaron. Cada señor, al quejarse, dijo el nombre del siguiente. No era un mosquito, dice el libro, sino un pelo de la pierna de Hunahpú. Luego, los gemelos saludaron a cada señor por su nombre, y no se sentaron en la piedra ardiente.
Los gemelos en la Casa Oscura ▶ 8:46
Dos hermanos recibieron una tea y un cigarro para cada uno, y la orden de devolverlo todo entero al amanecer. Eran los gemelos Hunahpú e Ixbalanqué, en su primera noche ante los señores de la muerte, en la Casa Oscura. La escena viene del Popol Vuh, que escribieron los mayas k'iche'. A su padre y a su tío, la misma prueba les había costado la vida: la tea y los cigarros se les acabaron antes del alba. Los gemelos no encendieron la tea. Le pusieron una pluma roja de la cola de una guacamaya, y en las puntas de los cigarros, luciérnagas. Los guardias los vieron brillar y creyeron que ardían. Al amanecer, los gemelos devolvieron la tea y los cigarros enteros.
La Casa de las Navajas y las flores ▶ 9:34
Al día siguiente jugaron a la pelota con los señores. Los de Xibalbá quisieron usar su propia pelota, y de ella salió una hoja afilada; después jugaron con la de los gemelos. Apostaron cuatro jícaras, cuatro cuencos llenos de flores, y los gemelos se dejaron perder a propósito: ahora les tocaba a ellos llenarlas. Esa noche los mandaron a la Casa de las Navajas. Los gemelos les dijeron a las navajas que su alimento sería la carne de los animales, y las navajas se quedaron quietas. Mientras tanto mandaron a los zompopos, las hormigas cortadoras, al jardín de los señores. Lo guardaban unos pájaros nocturnos que solo sabían cantar. Las hormigas cortaron todas las flores, y los pájaros, que cantaron toda la noche en las ramas, no sintieron nada. Al amanecer, las cuatro jícaras estaban llenas.
Frío, jaguares y fuego ▶ 10:29
Después vino la Casa del Frío, llena de granizo, y los gemelos acabaron con el frío. Vino la Casa de los Jaguares, y les dieron huesos a las fieras. Vino la Casa del Fuego, y no se quemaron. Cada casa era una noche entera, y cada mañana, al amanecer, los gemelos seguían vivos. Con la Oscura y la de las Navajas, ya eran cinco. Quedaba la sexta, la de los murciélagos.
La Casa de los Murciélagos ▶ 11:02
Esa noche, en la Casa de los Murciélagos, los gemelos durmieron dentro de sus cerbatanas. En esa casa vivía el murciélago que el texto llama Camazotz; Christenson lo traduce en plural, murciélagos de la muerte, y Recinos lo describe como un gran animal. Dentro de las cerbatanas, los gemelos estaban a salvo. Toda la noche chillaron los murciélagos, quilitz, quilitz, y antes del alba se quedaron quietos. Entonces Hunahpú quiso ver si ya amanecía. Asomó la cabeza por la boca de la cerbatana, y el murciélago se la cortó. Después, cuenta Christenson, solo se oía el roce de las alas.
Una cabeza nueva para Hunahpú ▶ 11:48
Un viejo animal de la noche oscureció el cielo cuatro veces, para darles tiempo a dos hermanos. Lo cuentan los mayas k'iche' en su libro, el Popol Vuh. En Xibalbá, el mundo de abajo, el gemelo Hunahpú se había quedado sin cabeza, y su hermano, Ixbalanqué, reunió a todos los animales para que cada uno escogiera su comida. El último le hizo a Hunahpú una cabeza nueva: una tortuga, según la traducción de Recinos; un pizote, o coatí, que trajo rodando una calabaza, según la de Christenson. Le labraron los ojos, y bajaron sabios del cielo. Pero el cielo empezaba a enrojecer, y la cabeza no estaba terminada. Por eso aquel viejo animal volvió a oscurecerlo. Al amanecer, Hunahpú tenía otra cabeza.
El conejo del tomatal ▶ 12:40
Un conejo salió saltando de un tomatal, y los señores de Xibalbá, el mundo de abajo, corrieron tras él. Creían que era la pelota. Era un partido de pelota del Popol Vuh, el libro de los mayas k'iche': de un lado, los gemelos Hunahpú e Ixbalanqué; del otro, los señores. La cabeza verdadera de Hunahpú colgaba sobre la cancha, donde la habían puesto los señores, y él jugaba con una cabeza nueva que le habían hecho los animales. Ixbalanqué golpeó la pelota y la mandó fuera de la cancha, hacia donde esperaba escondido el conejo. Mientras los señores perseguían al conejo, los gemelos recuperaron la cabeza verdadera y se la devolvieron a Hunahpú. Después, en la cancha, reventaron la cabeza falsa.
Los gemelos ante la hoguera ▶ 13:28
Los gemelos supieron entonces lo que preparaban los señores: querían matarlos en una hoguera. No huyeron. Antes, les dejaron dicho a dos adivinos qué debían aconsejar a los señores sobre sus huesos. Después se pusieron frente a frente, abrieron los brazos y entraron juntos en el fuego, por su voluntad. Los señores molieron sus huesos y los echaron al río, y los huesos se hundieron.
El maíz de la abuela ▶ 14:02
Arriba, en la casa de la abuela, las dos plantas de maíz seguían en medio de la casa. Los gemelos las habían dejado como señal: si se secaban, habrían muerto; si volvían a brotar, estarían vivos. Cuando sus nietos entraron en el fuego, las plantas se secaron, y la abuela lloró ante ellas. Y después, volvieron a brotar. Entonces la abuela quemó copal, la resina que se ofrece como incienso, y les dio nombre a las plantas, como recuerdo de sus nietos.
Dos vagabundos que bailaban ▶ 14:39
Al quinto día de echar los huesos al río, el agua devolvió a dos muchachos con aspecto de peces. Al día siguiente aparecieron dos vagabundos vestidos de harapos, que bailaban y hacían prodigios. Bailaban danzas de animales, como la del armadillo o la del ciempiés. Quemaban una casa, y la casa volvía a estar entera. Se sacrificaban el uno al otro, y volvían a la vida. Eran los gemelos, disfrazados de pobres. Y los señores más altos de Xibalbá, Hun Camé y Vucub Camé, los mandaron llamar.
El último baile ante los señores ▶ 15:21
Ante los dos señores, los vagabundos sacrificaron al perro de uno de ellos, y el perro volvió a la vida moviendo la cola. Quemaron su casa, y la casa quedó entera. Sacrificaron a un hombre, y lo levantaron. Y al final, Ixbalanqué sacrificó a Hunahpú, y Hunahpú se levantó a una palabra de su hermano. Los señores, entusiasmados, pidieron ser los siguientes. Pidieron morir y volver, como en el baile. Los gemelos sacrificaron primero a Hun Camé, el jefe de todos los señores, y después a Vucub Camé. Pero esta vez nadie los levantó. Los demás de Xibalbá huyeron a un barranco y se rindieron, y los gemelos les dijeron quiénes eran, y quiénes habían sido sus padres. Desde entonces, dice el libro, los señores de Xibalbá ya no pueden llevarse a cualquiera.
Honrar al padre y al tío ▶ 16:22
Vencido Xibalbá, los gemelos fueron al juego de pelota del sacrificio, donde estaban enterrados su padre y su tío, para honrarlos. Quisieron devolverle la cara a uno de ellos. Le pidieron que nombrara su boca, su nariz y sus ojos, pero apenas habló. Las traducciones no coinciden en cuál de los dos era: su padre, según Christenson; su tío, Vucub Hunahpú, según Recinos. Los gemelos les prometieron que serían invocados los primeros, y que su nombre no se perdería.
La subida al cielo ▶ 17:00
Después, los gemelos subieron al cielo. A uno le tocó el sol, y al otro la luna, y se iluminaron la bóveda del cielo y la faz de la tierra. El libro no dice cuál de los dos fue el sol. Con ellos subieron también cuatrocientos muchachos, que se volvieron estrellas. Así termina, en el Popol Vuh, el descenso de Hunahpú e Ixbalanqué. Para muchos mayas de Guatemala es un libro sagrado, y una tradición que sigue viva. Allá abajo queda Xibalbá, con sus casas de la noche. Y arriba, cada día y cada noche, la luz de los dos hermanos vuelve a la tierra.
Palabras de esta historia
- Popol VuhSe dice: po-pol-WUJ (acento al final; la h final suena como la j española, más atrás en la garganta)
- El libro de los k'iche' que cuenta la creación del mundo, las hazañas de los gemelos y la historia de sus linajes. Suele traducirse «Libro del Consejo» o «Libro de la Comunidad».
- k'iche'Se dice: ki-CHÉ (la k' es una k con un pequeño golpe de garganta; la palabra termina en un corte de voz)
- Pueblo maya de las montañas del occidente de Guatemala y su lengua. El nombre quiere decir «muchos árboles», «bosque».
- XibalbáSe dice: shi-bal-BÁ (la x suena «sh»)
- El mundo de abajo de los k'iche', gobernado por los señores de la muerte y la enfermedad. Un traductor lo explica como «lugar del miedo».
- HunahpúSe dice: ju-naj-PÚ (las dos h suenan como la j española, más atrás en la garganta)
- Uno de los gemelos. Su nombre es también un día del calendario k'iche'; su significado es dudoso.
- IxbalanquéSe dice: ish-ba-lan-KÉ
- El otro gemelo. La x inicial es un diminutivo («el joven»); el resto del nombre se discute.
- CamazotzSe dice: ka-ma-SÓTS
- El murciélago de la Casa de los Murciélagos. En el texto k'iche' son varios, «murciélagos de la muerte», y uno de ellos le corta la cabeza a Hunahpú.
- quilitzSe dice: ki-LÍTS
- El chillido de los murciélagos, imitado con la voz; el texto lo repite toda la noche.
De dónde viene esta historia
- Allen J. Christenson, Popol Vuh (2003; ed. Mesoweb 2007)
- Adrián Recinos (trad.), Popol Vuh (FCE, 1947)
- Francisco Ximénez, Las historias del origen de los indios (ed. 1857)
- Brasseur de Bourbourg, Popol Vuh (1861)
- Newberry Library, manuscrito de Ximénez (Ayer MS 1515)
- Michela E. Craveri, Estudios de Cultura Maya XXVI (2005)
- Martínez Paiz y Quintana, el juego de pelota de Q'um'arkaj (2013)
- AGN Guatemala, Día Nacional del Popol Wuj (2026)